jueves, 13 de noviembre de 2008

The Flying Circus

Esta entrada va a ser un poco larga, así que paciencia (a veces tengo la sensación de que esta advertencia la uso demasiado).

Hoy voy a explicar lo que es un "efecto Rocketeer" para quien esto escribe (os lo mencioné antes aquí). Sí, tiene que ver con el cómic, pero más con la película, y aún más con su banda sonora. El cómic es obra de Dave Stevens, la película fue dirigida por Joe Johnston y su banda sonora compuesta por James Horner. En resumen, y por si os da pereza documentaros (si no sabéis de qué trata esto), se narra la historia de un joven piloto que se topa con una mochila-cohete y vive diversas peripecias a finales de los años cuarenta.

En la banda sonora hay un corte, de título "The Flying Circus", que acompaña la primera acción del protagonista, cuando se ve obligado a calzarse el motor en la espalda y salir volando para rescatar a uno de sus amigos de una avioneta defectuosa. Como es su primera vez comete varios errores, pero nadie sale herido ni muerto, aunque no sin sobresaltos.

Pues bien, en esa pieza de música hay un momento que siempre me ha encantado. Dura apenas un par de segundos, pero el "subidón" es instantáneo. En la película, Rocketeer desactiva sus cohetes accidentalmente, y cae a toda velocidad hacia tierra, atravesando unas nubes en el proceso. De repente, entre el blanco se ven dos destellos, y el héroe vuelve a la carga. En la banda sonora eso está reflejado a la perfección, y cuando la escucho y llego a esa parte me lo puedo imaginar de nuevo perfectamente: oyes como está a punto de estamparse contra el suelo, camino de un desastre total, y de pronto no sólo se recupera sino que vuelve con más fuerza y energías.

Eso es un "efecto Rocketeer". Y el martes tuve uno de ellos. Perdí toda la mañana entre médicos, oyendo que necesitaban más pruebas (no van a ser agradables las de esta tanda), y esperando a que me dieran cita para tan entretenidos eventos. Cuando llegué por la tarde al trabajo estaba de un humor de perros, deseando que se acabara el día, la semana, el año, el siglo y la propia existencia. Aquí acababa de atravesar las nubes.

Destello. Los motores vuelven a funcionar. Elastigirl, mi jefa, me dice que me mandan de viaje por trabajo a otro continente una semana. Quizá me envíen como arma biológica, por si alguna de mis dolencias es contagiosa, se la pego y eliminamos competencia. Sobre esto seguiré informando a medida que reciba detalles, pero la cosa promete.

Y eso es un "efecto Rocketeer": pasas de estar a punto de estrellarte a remontar el vuelo en un suspiro. De tener un día nefasto a que inyecten vitaminas en tu ánimo.

Ah, en cuanto al viaje, sólo diré, de momento, que mi bolsa de Indiana Jones me va a venir que ni pintada.

martes, 4 de noviembre de 2008

Numb3rs

Según un anuncio que aparece estos días en televisión, ocho de cada diez dermatólogos recomiendan el uso de H&S. Teniendo en cuenta que H&S lleva kathon, y soy alérgico al mismo, debería confiar sólo en dos dermatólogos de cada diez. Uno de los dermatólogos de los que puedo fiarme es mi querida doctora House, que fue quien averiguó lo de mis alergias cutáneas. Lo cual significa que hay otro dermatólogo del cual puedo fiarme, pero no lo conozco.

Así que vaya desde aquí mi agradecimiento al dermatólogo desconocido.

El caso es que la semana pasada terminé por fin las últimas pruebas de alergia. Me han encontrado otra a un compuesto binario, cuyos elementos pueden ir juntos o separados, lo cual convierte mi higiene personal en una especie de sudoku químico: ahora ya no hay productos que no puedo usar sin más, sino que, encima tendré que empezar a comprobar si un champú A no reacciona con un gel B. Algo así como lo que ocurre con los venenos que usa El Joker (recordad, por ejemplo, el "Batman" de Tim Burton).

Aparte de eso, echaré de menos a la doctora y a sus chicas: la semana pasada, al ver las fotos de mis peores momentos, una de ellas llegó a comentar que era como para escribir sobre el caso. ¿Qué puedo decir? Es halagador servirles de inspiración.

viernes, 24 de octubre de 2008

I like New York in june

Sustituid New York por Madrid. Sustituid junio por todos los meses del año. Y eso es lo que hay.

Me gusta Madrid. Y me gustan sus habitantes.

Ayer comencé la búsqueda de una cinta de cuero para "tunear" mi bolsa de Indiana Jones (tarde o temprano colgaré por aquí una foto, seguramente más tarde que temprano). El caso es que comencé en una zapatería, en la cual me dijeron que sí, que se la pondrían gustosos, pero que la cinta la tenía que llevar yo. Pero me indicaron una mercería donde quizá me la pudieran vender.

Así que me acerqué a la mercería, y pregunté, pero tampoco tuve éxito. Lo que ocurrió, en cambio, es que una de las clientas me comentó que justo al lado había otra zapatería (distinta de la primera), y que lo intentara allí.

En la segunda zapatería me ocurrió prácticamente lo mismo: no, no podían hacer eso, porque cintas de cuero no tenían, pero otro de los clientes me propuso una alternativa (que dejé para otra ocasión, porque a esas horas, casi las ocho de la tarde, no me iba a dar tiempo de llegar).

El caso es que, de camino a mi casa, me topé callejeando con otra mercería, así que me dije "¿por qué no intentarlo?", con similar resultado a ocasiones anteriores. Pero esta vez me enviaron a un comercio de telas, en la cual me dieron la dirección de una tienda de curtidos, donde casi seguro tendrán lo que busco.

Un lector impaciente concluirá que los madrileños son gente incapaz de resolver problemas, y que lo que mejor hacen es "despachar marrones". Y uno optimista como el que esto escribe pensará que lo que hicieron todos ellos fue ofrecer alternativas a un problema, y la mitad de ellos sin que yo tuviera que preguntarles. Simple y amablemente me dieron su ayuda, por el mero hecho de tener una respuesta al lado de alguien que tenía una pregunta.

Y sí, es sucia, ruidosa, las obras nunca cesan, ir a ver a algunos amigos es como volver a casa por Navidad, en verano es asfixiante por el calor, en invierno es asfixiante por la gente... pero a mí me gusta.

viernes, 10 de octubre de 2008

No es país para viejos

Hace unos días, el sábado pasado, me tocó acompañar a mi octogenaria tía de compras. No es la experiencia más agradable, pero tampoco es exactamente padecer los rigores del Infierno, de modo que de vez en cuando hay que atender a la familia (al fin y al cabo, casi todos ellos estaban aquí antes que yo, y se encargaron de mí en un momento u otro).

La primera tienda en la que entramos estaba llena de gente mayor. Los dependientes tenían en la mirada el reflejo de su jubilación asomando por el horizonte. Y las clientas tampoco es que acabaran de terminar de alcanzar la mayoría de edad (en todo caso, la han rebasado tres o cuatro veces. La tienda en sí proporciona ropa que ya es vieja cuando la reciben de fábrica. No tengo ni idea de ropa, pero era mirar esas chaquetas y faldas y saber perfectamente que estaban destinadas a señoras que se tiñen el pelo de azul o violeta.

La segunda tienda era idéntica salvo por la mercancía: en lugar de ropa vendían zapatos (sí, la próxima vez escribiré "zapatería" directamente). Ahí lo gracioso fue cuando la única dependienta se dirigió a mí para preguntarme si estaba atendido, a lo que respondí que no hacía falta, iba de "carga-bolsas": pude ver cómo en su cara se conformaba la expresión "o-sea-me-toca-atender-a-cualquiera-de-las-otras-señoronas-otra-vez". Yo no me lo estaba pasando bien, pero a ella le tocaba vivir eso prácticamente todos los días, frente a las dos horas cada tres meses que es mi cometido.

Reconozco que la mañana me agotó mentalmente. Para seguir el ritmo de mi tía y su mundo tuve que ralentizar el mío, dilatándose el tiempo en mi entorno local. Además de aburrirme un montón, los percibí como dos montones. "Al menos esto es sólo de vez en cuando, y por una buena razón", me decía.

Pero esta mañana me ha tocado ir al médico (hacía tiempo que no os hablaba de estas cosas). He tenido que esperar a que me atendieran unos tres cuartos de hora. Luego, me han mandado a pedir cita para pruebas a dos sitios distintos, de modo que, entre hacer colas y tramitar los papeles, otras dos horas y media laaaaaaaargas. Y, encima, entre lo que queda de mes y principios del próximo tengo que volver unas nueve o diez veces más (de todo un poco: espalda, estómago, análisis, dermatología...).

No soy viejo, pero empiezo a estar convencido de que estoy en el camino (como todos), sólo que saco una terrible delantera a aquellos de mi misma edad. Supongo que así, cuando finalmente acabe en un geriátrico, con mi experiencia seré de "los primeros de la clase".

En cualquier caso, me parece que Fungi tiene a día de hoy todas las papeletas para convertirse en mi "sobrina de carga" las próximas veces que me toque a mí ir de compras (Fungi, avisada quedas).

miércoles, 1 de octubre de 2008

Another one bites the dust

Tal y como avisamos, Jules ya no es un hombre soltero: el sábado pasado cambió de estado civil, curiosamente al mismo tiempo que su antigua novia y actual esposa.

Testigos de excepción fuimos ElastiGirl, Mister Increíble y el que esto escribe.

A estas horas, la feliz pareja debe de estar ya por Argentina.

No creo que haya relación entre los dos hechos anteriores.

martes, 23 de septiembre de 2008

It's a kind of magic

No hace ni diez días que se ha casado mi hermana, y me toca hablar de nuevo de otra boda. Aunque, para ser sinceros, aún le quedan un par de días al principal afectado.

Jules se casa el día 27 de este mes, y allí estaremos, como cronista (poco) y comensal (lo que se pueda). De momento hemos hecho los deberes, y llegarán al altar (novio y novia) con sus despedidas de solteros bien cumplidas.

El viernes pasado acudimos los amigos del novio a tomar unas cervezas... y vestirlo de colegial; o, al menos, una versión retorcida de lo que sería un colegial: pantalones cortos, tirantes (of course), gafas de empollón de plástico (las gafas, no el empollón), colorete, pecas... el equipo completo.

Mientras, las amigas de la novia, más moderadas, se reunieron con ella para tomar sangría... y vestirla de colegiala. En la descripción anterior sustituid pantalones por falda, gafas por coletas, eliminad los tirantes, y os podréis hacer una idea de cómo quedó ella.

Nosotros no tuvimos que imaginar nada, porque en un momento dado de la noche nos reunimos, juntando ambas despedidas (¿para qué separarse pudiendo pasarlo bien todos juntos?), y tras la cena (menú infantil para ellos) acudimos a un espectáculo de magia en la sala Houdini.

Impresionante.

En este siglo XXI en el que estamos, en que "creerá que un hombre puede volar", aún han sido capaces de sorprendernos. Sí, palomas que salen de la nada para convertirse luego en conejos; escapismo de salón; naipes que van y vienen... Dos horas que se nos pasaron volando. Merece la pena, efectos digitales en su estado puro, pues son los propios dedos los que se encargan de ellos. Además, que a Jules le dijeron lo de "duérmete", y casi se va al suelo... No llegaron a hipnotizarlo (ni a los otros dos con los que el mago lo intentó), pero sí que les vimos cerrar los ojos y balancearse hacia adelante, sin poder evitarlo.

El resto de la noche también bien: yo llegué a las siete y media de la mañana a casa, y aún estoy recuperando sueño del fin de semana.

Y, por supuesto, me ronda por la cabeza la idea de apuntarme a los cursos que uno de los magos imparte los miércoles. Sobre todo por lo de dormir a la gente. Es algo que consigo de forma natural, pero no con tanto estilazo.

(Por cierto, sí, hay fotos de los novios en tales vestimentas: jamás serán presidentes, ni de su comunidad de vecinos).

lunes, 15 de septiembre de 2008

Love is in the air

Si la entrada anterior fue breve, ésta os va a encantar.

El fin de semana he estado perdido en combate, porque Hermana Deincógnito y su novio (Cuñado de Deincógnito, claro, no podía ser de otro modo) se han casado.

OS DESEO MUCHA FELICIDAD, PAREJA.